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Descarbonizar el cacao: una urgencia ética y necesaria para una industria en expansión. Víctor Borràs, octubre de 2025

La industria del cacao se encuentra en una encrucijada. Por un lado, la creciente demanda global de derivados del cacao —como el cacao en polvo, la manteca y la pasta de cacao— impulsan un mercado al alza y la expansión de la producción y transformación industrial a niveles nunca vistos. Por otro, sin embargo, los desafíos medioambientales y sociales asociados a esta cadena de valor exigen una transformación profunda y urgente que debe ir de la mano de este proceso expansivo antes de terminar un callejón sin salida.

 

El impacto ambiental del cacao: del origen al producto final

El cacao que transformamos en las plantas europeas proviene, principalmente, de África Occidental y Sudamérica, regiones que concentran el 74% y el 17% de la oferta mundial, respectivamente. En estos territorios, la presión sobre los ecosistemas es intensa: la deforestación, la pérdida de biodiversidad y trabajo infantil o forzoso son realidades que no pueden ignorarse.

Costa de Marfil, por ejemplo, ha perdido gran parte de su bosque primario en las últimas tres décadas, algo en lo que la transformación de los usos del suelo y el avance de las plantaciones agrícolas gestionadas sin ningún tipo de visión largoplacista ni en términos de impacto medioambiental han jugado un papel innegable que, quizás, no ha sido tan intenso ni evidente en los cultivos sudamericanos.

Por otro lado, existen empresas transformadoras, ubicadas tanto en los países productores como en países europeos, que se sitúa en el tramo intermedio de esta cadena. Aunque no cultivan cacao, su actividad industrial tiene una huella de carbono significativa, derivada del transporte internacional, el consumo energético en planta y los procesos de molturación y prensado. Por ello, la descarbonización no es solo una cuestión de origen, sino también de transformación.

 

Estrategias de sostenibilidad y descarbonización en la industria del cacao

Visto el escenario, pienso que cualquier estrategia ESG de cualquier compañía vinculada al sector cacaotero, sea cual sea su papel y desempeño, debería contemplar la totalidad de los retos, impactos, riesgos y oportunidades de la totalidad de la cadena de suministro.

Por experiencia propia, creo que es muy recomendable partir de un ejercicio de doble materialidad en el que se invite a participar tanto a personal interno de la compañía como, por supuesto y como mínimo, a clientes, proveedores, consumidores, instituciones sectoriales, administración pública y entidades financieras.

Del mismo modo, es interesante abordar la estrategia a partir de un primer proceso de obtención de datos significativos, que pasa por una revisión exhaustiva de la cadena de suministro, revisión exhaustiva de papers e informes relacionados con el impacto medioambiental en el sector, revisión de los reportes de la competencia, proveedores y otras empresas clave del sector, cálculo de huella de organización y cálculo de huella de producto (aunque sea aproximada o de las principales referencias a comercializar).

De este modo, todas las acciones derivadas de dichos ejercicios deberían ir en la siguiente dirección:

• Promoción, formación e inversión en técnicas de agricultura regenerativa y de cultivo ecológico en los países productores; saneamiento del suelo y recuperación del bosque perdido.

• Propiciar el acceso a la educación en la infancia, mejorar las infraestructuras en las comunidades cacaoteras y promover unas condiciones económicas atractivas para los plantadores.

• Digitalización de procedimientos en los países productores para mejorar la trazabilidad de los productos y transacciones y tener un control óptimo del desempeño de la cadena de suministro.

• Transición hacia fuentes de energía renovables; digitalización y mejoras aplicables al control de consumos y descarbonización del transporte de mercancías.

• Circularidad como principal objetivo en la gestión de residuos, especialmente orgánicos.

 

Regular: una palanca imprescindible… si se hace bien

La regulación es una herramienta imprescindible para avanzar en sostenibilidad, pero su eficacia depende de cómo se diseña, se aplica y se comunica. En los últimos meses, la Unión Europea ha iniciado un proceso de simplificación normativa que afecta directamente a directivas clave como la CSRD (informes de sostenibilidad) y la EUDR (regulación contra la deforestación).

Esta simplificación, que parte de una regulación inicialmente ambiciosa pero poco consensuada y consciente, ha generado incertidumbre entre las empresas que ya habían invertido en adaptarse a los nuevos marcos. Observo con preocupación cómo esta desregulación puede frenar el impulso transformador que habíamos iniciado.

La coherencia regulatoria, el consenso técnico y político, el respaldo científico y la contundencia en la aplicación son elementos esenciales para que la regulación funcione como palanca de cambio y no como obstáculo. Regular es necesario, pero hacerlo bien es urgente.

En definitiva, la descarbonización y la mitigación de impactos de la industria cacaotera no es una opción, sino una necesidad si queremos seguir disfrutando de chocolate (o de productos que lo contengan) accesible, especialmente desde el punto de vista económico, y constructivo, desde el punto de vista social y ambiental. Personalmente, pienso que es posible conciliar competitividad global con responsabilidad ambiental, algo que desde los reguladores debería potenciarse desde el rigor, el conocimiento y la coherencia.

Para ello, es imprescindible que las empresas del sector adopten una visión sistémica, colaborativa y comprometida con el futuro del planeta. Porque el cacao, más allá de ser un producto adorado desde tiempos inmemoriales, es también hoy una oportunidad para transformar industrias y comunidades desde la ética y la sostenibilidad.

Víctor Borràs Clerigué
Responsable de Comunicación y Sostenibilidad
de Nessentis (Nederland Group)