Los primeros créditos del mercado de carbono de la ONU ya han sido aprobados oficialmente y marcan el inicio operativo del mecanismo creado por el Acuerdo de París en 2016. El proyecto que los estrena no está vinculado a grandes infraestructuras energéticas, sino a algo mucho más cotidiano: cocinar. En Myanmar, la distribución de cocinas eficientes acaba de generar 60.000 créditos equivalentes a toneladas de CO₂ reducidas, inaugurando una nueva etapa en la financiación climática internacional. La iniciativa impulsa la distribución de cocinas mejoradas y más eficientes en comunidades vulnerables, especialmente en países en desarrollo donde millones de hogares aún dependen de la leña o el carbón vegetal para preparar alimentos. Estas tecnologías permiten reducir de forma significativa el consumo de combustible y, por tanto, las emisiones de dióxido de carbono y otros contaminantes. Además, disminuyen la exposición al humo en espacios cerrados, lo que tiene un impacto directo en la salud de las familias, particularmente mujeres y niños. Cada tonelada de CO₂ evitada se convierte en un crédito de carbono que puede ser adquirido por países o empresas para compensar parte de sus emisiones.
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