En los últimos meses, muchas empresas han recibido con alivio una señal clara desde Europa: se está buscando simplificar parte del marco regulatorio de sostenibilidad. La Comisión Europea presentó un paquete Ómnibus orientado a reducir carga administrativa y planteó una propuesta “stop-the-clock” para aplazar la aplicación de determinados requisitos (por ejemplo, retrasar obligaciones de reporting para empresas que iban a reportar en 2026/2027) y dar tiempo a acordar cambios sustantivos.
Ahora bien, aquí está el matiz que importa, tanto para un CEO como para direcciones de Calidad/Medio Ambiente o Responsables de Sostenibilidad:
Aunque la regulación se simplifique, el mercado no se simplifica.
Clientes, bancos, licitaciones y grandes grupos siguen pidiendo lo mismo: información fiable, comparable y defendible. Y quien la tenga, compite mejor.
El reto: del “decimos” al “demostramos”
En 2026 el problema ya no es solo el greenwashing. Es algo más cotidiano: organizaciones que hacen cosas bien (o quieren hacerlas), pero no han construido un sistema capaz de sostenerlo con evidencias.
Esto suele aparecer cuando:
• llega un cuestionario ESG de un cliente y cada cliente pide datos distintos;
• hay que responder a una entidad financiera o preparar una memoria, y los datos no cuadran (metodologías diferentes, fuentes dispersas, falta de controles);
• se publican objetivos, pero no hay trazabilidad ni revisión interna que los respalde.
En ese punto, la sostenibilidad deja de ser oportunidad y se convierte en coste, fricción interna y riesgo reputacional. La solución no es hacer más informes. La solución es construir sostenibilidad auditable: simple, proporcional y conectada al negocio.
VSME: el idioma común que ordena la cadena de valor
Para muchas pymes y medianas, el gran dolor no es la falta de compromiso: es la fragmentación. Decenas de cuestionarios, métricas dispares y formatos incompatibles. Por eso es relevante el VSME (Voluntary Sustainability Reporting Standard for SMEs) desarrollado por EFRAG: un estándar voluntario para micro, pequeñas y medianas empresas no cotizadas, diseñado para ser proporcional y alineado con el ecosistema europeo de reporting.
Además, la Comisión Europea adoptó una Recomendación (30 de julio de 2025) sobre reporting voluntario para pymes, precisamente para reducir la carga y facilitar que respondan de forma consistente a solicitudes de información de grandes empresas y entidades financieras sujetas a reporting obligatorio.
Dicho de forma práctica: VSME no debería vivirse como burocracia añadida, sino como un marco único para responder con coherencia y evitar la improvisación recurrente. Permite que la organización deje de “rearmar respuestas” cada vez que cambia el interlocutor y empiece a consolidar un lenguaje común, comparable y defendible.
ISO 9001 e ISO 14001: el puente entre dato y confianza
Aquí es donde el sistema de gestión deja de ser un certificado y se convierte en una ventaja competitiva real, porque aporta disciplina de procesos, responsabilidades, controles, revisión y mejora continua.
Además, ISO 9001 e ISO 14001 se encuentran en proceso de revisión hacia sus nuevas ediciones 2026 (con publicación prevista a lo largo de 2026). En términos prácticos, el mensaje para las organizaciones es claro: no basta con declarar compromiso climático; hay que integrar el cambio climático como una consideración explícita dentro del sistema de gestión (cuando sea relevante) y poder demostrarlo con evidencias trazables: riesgos, decisiones, controles y seguimiento.
Esto no va de añadir una frase “verde”. Va de responder con rigor:
• ¿Cómo afecta el clima a mi operación (coste energético, continuidad, proveedores críticos, permisos, logística, agua, eventos extremos)?
• ¿Qué riesgos y oportunidades aparecen?
• ¿Qué controles, objetivos y evidencias demuestran que lo estamos gestionando?
Cuando se integra bien, se gana algo que el mercado valora muchísimo: trazabilidad (quién, qué, cuándo, cómo) y repetibilidad (no depende de una persona o de un Excel puntual).
Tres ejemplos para aterrizar la sostenibilidad auditable
Sin necesidad de complejidad excesiva, este enfoque se aplica con claridad en sectores habituales del ecosistema empresarial de sostenibilidad:
• Energía. Los objetivos y planes de transición funcionan cuando están soportados por datos consistentes y controlados y por decisiones trazables en operación, mantenimiento, compras y proyectos.
• Servicios, agua e infraestructuras. Adaptación y resiliencia exigen pasar de planes a gestión de riesgos y continuidad, con indicadores operativos, responsables y evidencias de decisiones.
• Industria. El dolor recurrente está en la cadena de valor: requisitos de cliente, solicitudes de información y consistencia de datos. VSME ayuda a estructurar qué informar; ISO ayuda a convertir esa información en evidencia defendible ante auditorías, licitaciones y contratos.
Enfoque mínimo viable para empezar
Si una empresa quiere avanzar ya, sin montar un departamento específico de reporting, hay un camino corto y eficaz:
1. Seleccionar 8–12 indicadores E/S/G que realmente muevan negocio (costes, riesgos, reputación, contratos).
2. Asignar dueño del dato por proceso (no solo “sostenibilidad”): compras, operaciones, RR.HH., calidad, finanzas.
3. Definir trazabilidad mínima: fuente → método → control → revisión → aprobación.
4. Integrar clima en 4.1/4.2 y gestión de riesgos (ISO): dejar claro cómo afecta y qué decisiones se toman.
5. Usar VSME como estructura (si aplica) para responder con consistencia a clientes y bancos.
La simplificación regulatoria es una oportunidad: menos ruido, más foco. Pero el nuevo estándar competitivo no será quién publica más, sino quién demuestra mejor.
En 2026, la ventaja estará en una sostenibilidad auditable, simple y útil: la que reduce fricción con clientes, facilita financiación, ordena la cadena de suministro y convierte el compromiso en confianza.
Viviana Franciotti
CEO & Founder de VF Expertise
VF Expertise es miembro de la Fundación Privada Empresa y Clima