Ante la división en el sector, los responsables climáticos de la UE esperan impulsar un endurecimiento del Sistema de Comercio de Emisiones (ETS, por sus siglas en inglés).
El innovador Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) de la Unión Europea lleva dos décadas en funcionamiento, pero se enfrenta a un momento crítico en medio de una caída global de los precios del carbono. Actualmente, casi el 30 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero a la atmósfera están sujetas a la fijación de precios del carbono, lo que significa que las empresas deben pagar por cada tonelada de dióxido de carbono que emiten. Sin embargo, los políticos de todo el mundo están perdiendo la compostura. California acaba de otorgar 4 mil millones de dólares en permisos de contaminación gratuitos, Nueva York ha recortado sus objetivos climáticos y Canadá eliminó su precio del carbono para los consumidores y limitó parte de su programa industrial. En Europa, donde el 40% de los ingresos mundiales procedentes de la fijación de precios del CO2 se obtienen mediante un sistema de comercio de derechos de emisión de «límites máximos y comercio» que permite que una tonelada de CO2 cueste alrededor de 80 euros, los industriales y los políticos también están deseosos de acabar con el sistema, acusándolo de arruinar la economía del bloque.
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