La COP30 aprueba una declaración final sin alusiones directas a dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón, los principales responsables del calentamiento
La cumbre del clima de la ONU celebrada en la ciudad brasileña de Belém no ha logrado impulsar de forma directa el abandono progresivo de los principales causantes de la crisis que golpea al planeta y a la Humanidad. El solo hecho de mencionar a los combustibles fósiles -el petróleo, el gas y el carbón- ha sido imposible en el texto final de esta cumbre, que se ha acordado con más de un día de retraso por los cerca de 200 países que se reúnen en este tipo de conferencias y que deben aprobarlo todo por consenso. Tampoco se ha incluido en esa declaración final el llamamiento para impulsar una hoja de ruta para esa transición, el objetivo que se había autoimpuesto el Gobierno brasileño para la conferencia de Belém, la COP30. Los países sí han acordado triplicar los fondos que destinan para adaptación a los impactos del cambio climático en 2035 y establecer un “diálogo” sobre comercio global, tras las críticas de China al impuesto al dióxido de carbono puesto en marcha por la Unión Europea. Pero la gran batalla ha sido la de los combustibles fósiles. Pese a que la ciencia es tajante desde hace muchos años sobre la responsabilidad de estos combustibles en la emisión de los gases de efecto invernadero que están sobrecalentando la Tierra, en las cumbres que se celebran desde hace más de tres décadas para abordar este tremendo reto es imposible que se mencionen directamente en los textos finales.
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