A medida que pasa el tiempo, los cascos abandonados sufren una degradación constante. El acero se corroe, las juntas pierden hermeticidad y los carburantes residuales y los aceites de máquinas se filtran al agua.
En diciembre de 1918, el buque HMS Casandra, un crucero ligero británico construido durante la Primera Guerra Mundial, se hundió tras chocar con una mina naval en el mar Báltico, cerca de la isla de Saaremaa (Estonia). En el naufragio murieron 11 tripulantes. El pecio, como se denomina a los restos de una embarcación hundida, se encontró 92 años más tarde, en 2010, a 100 metros de profundidad. Fue hallado por una expedición marina del Programa de Gestión de Pecios del Ministerio de Defensa británico. Los científicos detectaron pequeñas fugas de combustible, una contaminación que producto del cambio climático -aumento de la temperatura de los océanos y el cambio de la acidez del agua- podría acelerarse en las próximas décadas.
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