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La autonomía en minerales críticos, una carrera cuesta arriba para la Unión Europea

El Viejo Continente está intentando reducir su dependencia de China en cuanto a la importación de minerales clave para la industria. Sin embargo, sus iniciativas se enfrentan a la falta de inversión, la fragmentación nacional y la dificultad para implementar proyectos mineros dentro del territorio comunitario.

La Unión Europea enfrenta en 2026 el reto de superar su adicción a las importaciones de minerales estratégicos. Según fuentes comunitarias, la alta dependencia de China, que domina tanto la producción como el refinado de muchos de estos elementos, implica una vulnerabilidad comparable a la que suponía el gas ruso en décadas pasadas; específicamente por su rol esencial en la transición energética de las próximas décadas. En este contexto, los expertos alertan de que la actual coyuntura geopolítica demanda que el Viejo Continente se blinde ante posibles turbulencias o imprevistos, pero su estrategia parece no estar cumpliendo con las grandes expectativas. La aplicación de dos paquetes de restricciones a la exportación de tierras raras por parte de China en abril y octubre de 2025 hace evidente la necesidad de diversificar proveedores. Aunque Pekín ha suspendido temporalmente estas medidas, el posible uso de esta carta como forma de presión política ha puesto en alerta a los Veintisiete. En respuesta, la UE ha lanzado iniciativas como la Ley de Materias Críticas (CRMA, por sus siglas en inglés) y ha establecido 15 alianzas cruciales en materia de minerales estratégicos con países como Sudáfrica, Namibia, Argentina, Chile y Canadá. “Si el petróleo impulsó el auge del siglo XX, el siglo XXI está cada vez más definido por los materiales estratégicos. Metales y minerales como el cobre, el litio, el níquel y las tierras raras han pasado de ser meras notas técnicas para convertirse en una prioridad. Son elementos clave para la transición verde, junto con la rápida urbanización, la aceleración de la digitalización y las crecientes necesidades de infraestructuras. Su relevancia no es nueva; lo que ha cambiado es la magnitud y la demanda prevista, que en conjunto apuntan a un cambio estructural de fondo”, sentencian los expertos de J. Safra Sarasin Sustainable AM.

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