Aunque la IA facilita tareas cotidianas, investigaciones recientes destacan que la efi-ciencia energética de estos sistemas es un problema creciente.
• Estudios recientes revelan que una sola consulta puede emitir mucho más CO₂ que una búsqueda convencional.
Las herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa se han vuelto esenciales en la vida diaria de muchas personas. Aunque son vistas como soluciones rápidas y efectivas, investigaciones citadas por CNN señalan que, detrás de cada palabra generada por estas máquinas, hay un alto costo ambiental. El funcionamiento de los modelos de inteligencia artificial generativa implica descomponer las instrucciones que damos en un conjunto de números llamados ID de tokens. Estos tokens son enviados a centros de datos, donde computadoras realizan complejos cálculos para generar las res-puestas solicitadas. La electricidad utilizada proviene de plantas de energía alimenta-das por carbón o gas natural, fuentes que contribuyen a las emisiones de gases. De acuerdo con el Electric Power Research Institute, procesar una consulta en un modelo de IA puede consumir hasta diez veces más energía que realizar una búsqueda convencional en Google. En un estudio realizado en Alemania, investigadores evaluaron 14 sistemas de IA basados en modelos de lenguaje grande (LLM, por sus siglas en inglés). Se les hicieron preguntas de respuesta abierta y de opción múltiple para medir el impacto ambiental de cada una. Las preguntas complejas generaron hasta seis veces más emisiones de CO₂ que aquellas con respuestas más simples. Los modelos más avanzados, que cuentan con mayores capacidades de razonamiento, produjeron hasta 50 veces más emisiones que los modelos más pequeños al responder la misma consulta.
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