El cambio climático ya no es el lejano rumor que inquietaba a la industria y a la sociedad hace 15 años. Por desgracia, ahora es ya nuestra realidad presente, y una de las mayores preocupaciones de los españoles. Así lo demuestran las últimas cifras del CIS, que reflejan cómo el 14,6 % de los ciudadanos españoles teme la situación climática, multiplicándose casi por cinco en tan solo unos meses.
Desde la industria no somos ajenos a esta realidad. Estamos probablemente ante la mayor transformación estructural vivida desde la Revolución Industrial. Nuestras industrias deben cambiar sus modelos productivos, nuestro personal debe adquirir nuevas capacidades y todos debemos trabajar juntos para acometer un cambio vertiginoso en tiempo récord. Lo hemos vivido en estos meses con la crisis energética provocada por la guerra de Rusia en Ucrania, pero también por la sequía, agotamiento de combustibles fósiles y aumento generalizado de las temperaturas. Todo ello está impactando en nuestras industrias y, en definitiva, en nuestra sociedad.
No debemos mirar hacia otro lado, nadie, ni la industria, ni las instituciones, ni la propia sociedad. Es el momento de impulsar la transición energética y hacerlo sumando fuerzas, reforzando la Unión Europea. Debemos tomar decisiones valientes como continente, ya no como país, y apostar por una producción más sostenible en todas las industrias. Ya no vale con comprar petróleo y gas a terceros países que no cumplen nuestros estándares europeos, ni tampoco importar metales y tierras raras de China sin tener en cuenta sus procesos extractivos. Hemos evitado durante muchos años producir en nuestro territorio componentes y materias primas que podían implicar procesos complejos. Ya no podemos seguir esta senda, es el momento de relocalizar en Europa industrias estratégicas. No solo para generar mayor riqueza y reducir nuestra dependencia, sino también para asegurarnos de que producimos de forma más responsable, acorde a nuestros estándares europeos en toda la cadena de valor, no solo en el producto final.
En este camino, tenemos que apostar por las energías renovables, sobre todo en un país como España, con el recurso hídrico, solar y eólico con el que contamos. Es urgente bajar la factura de la luz para los ciudadanos y para la industria, que está siendo ahogada y perdiendo competitividad cada día por los costes energéticos. Para hacerlo, la única vía posible son las renovables, pero para impulsarlas son necesarias inversiones estratégicas y un marco legal que las facilite, y que hasta ahora ha generado muchas dificultades.
Es urgente un mayor compromiso político e institucional a nivel nacional y europeo. Es hora de afrontar esta tarea común, probablemente la más compleja a la que nos enfrentaremos como sociedad en toda la historia reciente. De su éxito depende el futuro de las generaciones venideras, para que nuestros hijos e hijas no miren con estupor al pasado y se pregunten por qué nadie hizo nada cuando aún estábamos a tiempo.
Fuente: La Voz de Galicia