Bruselas quiere prohibir la venta de coches de gasolina y diésel a partir de ese año, pero la edad del parque móvil y las reticencias de algunos países retrasan la despedida a mediados de siglo
Con 340 votos a favor, 279 en contra y apenas 21 abstenciones, el Parlamento Europeo dijo adiós, a mediados del pasado mes de febrero, a los coches de gasolina y diésel, pero también a los híbridos, híbridos enchufables y a los impulsados por gas. Una despedida que se fijó en 2035, pero que queda en el aire por la oposición de varios Estados miembros, entre ellos Italia y Alemania, y, sobre todo, la inversión necesaria para pasar de un coche de combustión a las nuevas tecnologías cero emisiones en la movilidad (eléctrico o hidrógeno). Con este panorama y los muchos matices en torno a esta normativa hacen que el adiós se alargue en el tiempo.
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