La COP30 está a la vuelta de la esquina y el mundo observa con atención sus resultados. La Presidencia de Brasil ha presentado este momento como una oportunidad para demostrar que la cooperación sigue siendo posible incluso en tiempos de división. Hay mucho en juego: se espera que la COP30 reconstruya la confianza en el multilateralismo, reconecte la política climática con la realidad cotidiana de las personas y logre un impacto real en las emisiones mundiales y su capacidad de adaptación a los crecientes efectos del cambio climático. ¿Qué medidas prácticas pueden tomar los países para acelerar la implementación? ¿Y qué aportan los actores no estatales a la mesa de diálogo en Belém? Este blog explora cómo la COP30 puede cumplir con estas expectativas, principalmente cambiando el enfoque de las nuevas promesas a los resultados concretos y fundamentando la acción climática en la prosperidad compartida y la justicia social.
Un COP crucial en tiempos difíciles
Mientras el mundo se prepara para la COP30 (10-21 de noviembre, Belém), su Presidencia —a cargo de Brasil— ha enmarcado este momento como uno de profunda urgencia y, a la vez, de gran oportunidad. Este enfoque considera las actuales crisis económicas y ambientales a nivel mundial, así como el complejo contexto geopolítico, exacerbado, entre otros, por conflictos armados y guerras comerciales. Además, los recientes acontecimientos en las negociaciones ambientales internacionales han puesto de manifiesto las estrategias de bloqueo de algunos países y la incapacidad de movilizar una masa crítica de otros para contrarrestarlas ( IDDRI, 2025a ). Ante todo esto, el llamado de Brasil es claro: unirnos y reafirmar nuestra fe en la cooperación, incluso en medio de la fragmentación y el cansancio.
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