Tecnologías innovadoras y tensiones geopolíticas acaparan la atención de las empresas en plena batalla por derribar las causas que empujan las alteraciones climáticas. En los años noventa, los créditos de carbono surgieron como una manera de mitigar el cambio climático y fomentar un mercado global de emisiones transparente y eficiente. Este boom no solo parece desvanecerse sino que estas compensaciones de carbono no guardan relación con un desempeño ambiental óptimo de importantes multinacionales.
Un crédito de carbono es un certificado que representa la reducción, evitación o eliminación de una tonelada de dióxido de carbono de la atmósfera. Si bien las compañías afirman que estos créditos les ayudan a reducir su impacto ambiental, existe un debate sobre si las empresas que compran estos créditos se descarbonizan más rápido. Un estudio exhaustivo de 89 multinacionales revela que las empresas que compran créditos no tienen el impacto que muchos esperaban y no se descarbonizan más rápido. En conjunto retiraron aproximadamente una cuarta parte de todos los créditos de carbono voluntarios en 2022. Este hallazgo es contundente: las empresas que compran compensaciones no se descarbonizan ni en su desempeño histórico ni en la ambición de sus objetivos. Los créditos de carbono han sido en gran medida irrelevantes para las trayectorias de descarbonización corporativa, precisa el estudio publicado en la revista Nature. Para la mayoría de las empresas, son un presupuesto adicional, una herramienta de comunicación, una caja registradora que se puede pasar a los clientes.
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