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La justicia climática llega a la COP27: «Cuando tu casa ha sido arrasada, no necesitas dinero para regenerar humedales»

• «Esto es pérdida y daño: devastación irreversible relacionada con el clima que no puede mitigarse ni adaptarse», advierte en Nature Madeleine Diouf Sarr
• Madeleine Diouf Sarr representa a los países menos desarrollados: «Cuando tu hogar es destruido por el cambio climático, ¿quieres que te dejen solo?»
• Sobre la necesidad de ayuda económica para los más afectados por los desastres climáticos: «Hablar no alimenta a los hambrientos ni alberga a los desamparados»

«Este año, miles de personas murieron y millones perdieron sus hogares en inundaciones devastadoras en Bangladesh, Sudán y Pakistán. En África oriental, 50 millones de personas sufren hambruna provocada por la peor sequía en 40 años. En todo el mundo, al menos la mitad de los 59 millones de migrantes internos en 2021 fueron desplazados por los efectos del cambio climático, según Naciones Unidas. Esto es pérdida y daño: devastación irreversible relacionada con el clima que no puede mitigarse ni adaptarse. Lidiar con esto está empujando a los países en desarrollo a endeudarse cada vez más y sus economías al borde del colapso».

Así comienza el artículo que firma, en la revista Nature, Madeleine Diouf Sarr, presidenta del Grupo de Países Menos Desarrollados (LDC) sobre el Cambio Climático. Y como tal, recuerda que representa «a 46 países, que albergan a casi mil millones de personas». El artículo se publicaba hace unos días, y ella anunciaba que estaría en la COP27 que se celebra en Egipto desde el domingo. «Estaré entre los que pidan a los gobiernos que establezcan un fondo para pérdidas y daños para los países en desarrollo durante la COP27. Se estima que se necesitarán entre 290.000 millones y 580.000 millones de dólares al año para 2030».

Los primeros afectados y los menos preparados

Las pérdidas y los daños, efectivamente, serán clave en las negociaciones de la COP27, después de muchos años luchando por conseguir estar en la agenda oficial de estas cumbres de cambio climático. Por primera vez, la financiación para afrontar las pérdidas y daños causadas por la crisis climática en los países menos desarrollados, que son los más vulnerables, está sobre la mesa de la COP. Es lo que se denomina «justicia climática».

Hace unos días, Sarr declaraba que la COP27 debería “capturar la voz y las necesidades de las naciones más vulnerables y ofrecer justicia climática”. Los 46 países a los que ella representa negocian como bloque en la cumbre de la ONU.

Y todo apunta a que, en esta cumbre, serán más escuchados que en otras.

Pero organizaciones como Greenpeace advierten de la necesidad de no postergar más los acuerdos sobre este asunto. «Si bien en muchos sentidos es un gran avance, la sugerencia de que los países necesitarían hasta 2024 para acordar una forma de cubrir las pérdidas parece demasiado alejada de la realidad, teniendo en cuenta los devastadores impactos climáticos experimentados este año».

Greenpeace alude a los mismos ejemplos que Madeleine Diouf Sarr. «La destrucción provocada por las inundaciones en Pakistán, la sequía en Somalia, EE. UU. y el Mediterráneo, y las olas de calor que han causado miles de muertes en Europa y en India, han cambiado la política en torno a este tema», aseguran los ecologistas.

Y los datos hablan por sí solos: «El Banco Africano de Desarrollo informó en septiembre que el continente está perdiendo entre el 5% y el 15% de su crecimiento en el PIB per cápita cada año debido al cambio climático», advierte Sarr. «Las personas y comunidades a las que represento son las menos responsables de las emisiones de dióxido de carbono; en conjunto, contribuyeron con solo el 1,1% de las emisiones globales en 2019. Eso es menos de la mitad de las emisiones de automóviles y camiones en Estados Unidos. Somos los primeros y más afectados por el cambio climático y somos los menos equipados para responder», recuerda.

Hablar no alimenta ni alberga

Sarr es Jefa de la División de Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de Senegal. Formada como bióloga e ingeniera ambiental, acumula décadas de experiencia en negociaciones sobre cambio climático de la ONU. Y en su artículo previo a la cumbre, insiste: «Los máximos responsables del calentamiento global también tienen la mayor capacidad de actuar. Aunque el 10% de las personas más ricas del mundo producen el 50% de las emisiones, reclaman el 52% de la riqueza mundial; el 50% más pobre aporta alrededor del 10% de las emisiones globales y recibe alrededor del 8% de los ingresos globales. Negociadores como yo hemos estado exigiendo acción durante 30 años. Pero ¿dónde está el apoyo concreto para las personas y comunidades más afectadas?».

Recuerda que «el año pasado, en la COP26 en Glasgow, los países de ingresos bajos y medios propusieron conjuntamente un Fondo de Financiación de Pérdidas y Daños». Los países ricos lo rechazaron y ofrecieron un ‘diálogo’ a tres años vista, hasta 2024, al que aludía Greenpeace. «Hablar no alimenta a los hambrientos ni alberga a los desamparados», advierte la senegalesa, que no puede ser más clara cuando explica la necesidad urgente de financiación.

«¿Por qué crear un nuevo fondo para el apoyo a desastres climáticos? Porque cuando tu casa ha sido arrasada, necesitas un lugar donde dormir y algo para comer, no dinero destinado a la regeneración de humedales», explica. Sobre todo, recuerda, porque los efectos del cambio climático están ocurriendo ya, de forma más rápida que lo previsto incluso por el IPCC.

¿Qué piden a la COP27?

Y apunta una «ironía: los subsidios globales a los combustibles fósiles en 2021 alcanzaron los 697.000 millones de dólares. Eso podría pagar las pérdidas económicas relacionadas con el clima sufridas por los países más vulnerables entre 2000 y 2019, y aún les quedarían 170.000 millones en ganancias».

«¿Con qué quiero salir de la COP27?», se pregunta. Y apunta dos cosas básicas: «Primero, un plan para el compromiso asumido en Glasgow de al menos duplicar la financiación de la adaptación para 2025 a través de un sistema de subvenciones públicas. En segundo lugar, el establecimiento de un servicio de financiación de pérdidas y daños con un órgano rector equitativo, que desembolse nuevos fondos».

Apunta Sarr que, «en última instancia, es elección propia de cada país cómo asegurar la financiación necesaria para apoyar a los más vulnerables». Pero advierte: «el fondo debe tener una forma clara de identificar las necesidades de financiación y una vía rápida para las emergencias. Cuando tu hogar es destruido por el cambio climático, ¿quieres que te dejen solo?».

Fuente: Nius Diario