Mientras el mundo acelera hacia las energías limpias, los minerales críticos -litio, cobalto, grafito, níquel y cobre- se han convertido en el nuevo petróleo del siglo XXI. Y las cifras que maneja la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) son tan vertiginosas como reveladoras. La demanda de litio crecerá más del 350% para 2040, mientras que la de grafito superará el 130%. Y, en este contexto de fiebre extractiva, se ha desatado una auténtica carrera diplomática: 73 acuerdos y asociaciones internacionales han surgido en materia de minerales críticos, de los cuales 58 se firmaron después de 2022. El informe Actualización Global del Comercio de la UNCTAD dibuja un panorama de oportunidades históricas y riesgos profundos para los países en desarrollo. Estos países poseen la mayor parte de las reservas mundiales de minerales críticos -África concentra aproximadamente el 25% del total-, pero la historia se repite: la gran mayoría siguen atrapados en el papel de meros extractores de materia prima, mientras la riqueza real se genera en las plantas de procesamiento de unos pocos países.
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