Alrededor de una cuarta parte de la superficie terrestre recibe algún tipo de iluminación artificial durante la noche, un hecho que incrementa la liberación de dióxido de carbono (CO₂) por parte de plantas y animales contribuyendo a agravar el cambio climático.
Un estudio recogido este miércoles en la revista Nature Climate Change concluye que la creciente contaminación lumínica influye en el ‘metabolismo’ de los ecosistemas contribuyendo a que emitan más CO₂ a la atmósfera.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores han recurrido a datos de observaciones satelitales y a 86 puntos de medición de los flujos de carbono en Norteamérica y Europa.
Su análisis revela que la contaminación lumínica nocturna aumenta la ‘respiración’ de los ecosistemas, es decir, el proceso por el que plantas, microbios o animales liberan dióxido de carbono a través de su actividad y crecimiento.
Liberan más, pero no absorben en la misma medida: los investigadores han visto que este aumento de exposición a la luz artificial no supone un correspondiente incremento de la fotosíntesis por parte de las plantas, el proceso por el que eliminan CO₂ de la atmósfera.
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