Un equipo internacional de investigadores pone a prueba la fiabilidad de los modelos climáticos actuales.
Entender qué está pasando realmente con los glaciares antárticos ha sido, durante mucho tiempo, un rompecabezas lleno de piezas que no terminaban de encajar. Por suerte, un grupo de científicos de la Universidad de California en Irvine ha logrado marcar un antes y un después. Han recopilado nada menos que treinta años de datos sobre la «línea de contacto», que es ese punto crítico donde el hielo deja de tocar el suelo y empieza a flotar, creando un registro histórico que se convierte en el examen que todo modelo climático deberá aprobar a partir de ahora si quiere ser tomado en serio. Como bien apunta Eric Rignot, el líder del estudio ya no sirve de mucho lanzar predicciones al aire si no pueden explicar lo que ya ha ocurrido. Si un modelo no es capaz de replicar esos treinta años de historia real, simplemente no es válido. Ese es el verdadero valor de este trabajo: obligar a los investigadores a volver a la mesa de trabajo, a revisar sus cálculos y a entender qué piezas físicas les faltaban para que las proyecciones del aumento del nivel del mar sean, por fin, fiables.
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