El plan de resiliencia climática plantea incorporar los riesgos del calentamiento a las inversiones y las infraestructuras, con unas necesidades de adaptación de 70.000 millones de euros anuales.
Construir una carretera, decidir dónde invertir o adjudicar una obra pública exige mirar al clima que viene.
Bruselas apuesta por que la resiliencia climática forme parte de las decisiones políticas y económicas de los Veintisiete, empleando como referencia un escenario de calentamiento global de tres grados para finales de siglo. La propuesta busca anticiparse a unas pérdidas que ya pesan sobre la economía europea, puesto que los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos ocasionaron unos 200.000 millones de euros en daños directos entre 2022 y 2025. La Comisión Europea plantea pasar de la respuesta tras la catástrofe a una prevención en base a las futuras condiciones de calor, inundaciones y sequía.
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