El PNUMA advierte de que la ventana para mantenerse en 1,5 °C ya se ha cerrado y que el objetivo pasa a ser limitar el rebasamiento con un pico menor y más corto. La cumbre de Antalya será el primer examen global de esas cifras.
El PNUMA cifra la brecha de emisiones en un recorte del 18% en cuatro años y de casi la mitad en una década para limitar el rebasamiento de 1,5 °C, a pocas semanas de la COP31 de Antalya. El dato no procede de una organización activista ni de un think tank: lo firma el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el organismo ambiental de la ONU, en su informe anual sobre la brecha de emisiones. Su diagnóstico incomoda porque no habla de intenciones, sino de aritmética del carbono: el mundo necesita cortar cerca de una quinta parte de sus emisiones en los próximos cuatro años y casi la mitad en el plazo de una década para no sobrepasar los objetivos climáticos por un margen catastrófico. La brecha de emisiones es, literalmente, la distancia entre lo que recortaría la suma de los compromisos que los países han puesto sobre la mesa y lo que la ciencia exige para no cruzar umbrales peligrosos. No es una opinión sobre política energética. Es una resta.
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