SALA DE PRENSA

La energía nuclear, estancada

La expectativa de quienes imaginaron que el abastecimiento eléctrico pivotaría sobre la energía nuclear se ha ido desvaneciendo. Los datos sobre evolución mundial de las plantas nucleares indican que el sector sigue estancado a nivel mundial o incluso da muestras de cierta recesión. Así lo indica el estudio World Nuclear Industry Status Report del 2017 , elaborado por el investigador Mykle Schneider. La competencia del gas natural y las energías renovables condicionan el despegue que el sector nuclear buscaba.

En el año 2017 sólo se conectaron a la red cuatro nuevos reactores, de los cuales tres en China y uno en Pakistán (levantado por compañías chinas), mientras que en los dos años anteriores entraron en funcionamiento diez nuevos reactores cada año. Para el 2017 estaba previsto que entraran en servicio 16 reactores, por lo que se juzgó que sería un año interesante para la industria; pero al final se abrieron 12 plantas menos de lo programado.

En contrapartida se pararon tres reactores (en Alemania, Corea del Sur y Suecia) y se abandonó la construcción de otros dos (en Japón). “Sólo las nuevas plantas solares instaladas en China en el 2017 generarán una cantidad de electricidad significativamente mayor que todos los reactores nucleares puestos en servicio en el mundo el mismo año, más del doble”, explica Mycle Schneider.

De las 53 plantas en construcción, más de dos tercios se sitúan en Asia

La industria nuclear funcionó como un cohete hasta 1986, cuando se produjo el accidente de Chernóbil. A partir de esa fecha, su crecimiento se ralentizó; y aunque no se paralizó del todo, ya no creció al ritmo anhelado por sus partidarios. La irrupción de tecnologías competitivas y eficientes (gas o energías renovables) frenaron en seco las expectativas de un cierto renacimiento de la energía nuclear, que ganó crédito como un instrumento para combatir el cambio climático.

Sin embargo, el nuevo golpe llegó con el accidente de Fukushima, del que se repone muy difícilmente. En cualquier caso, cierto estancamiento de esta industria se prolonga de una u otra manera desde 1990.

Su recesión es especialmente acusada en los países occidentales y su futuro en Europa se halla muy condicionado sobre todo por Alemania, que mantiene su plan para completar el cierre de todas sus plantas dentro de cuatro años. Tras el accidente de Fukushima, Angela Merkel cerró en Alemania las ocho centrales más antiguas y organizó el cierre escalonado de las restantes hasta el año 2022. Además, otros países han dado la espalda (Bélgica, Suiza, Taiwán, Italia con un referéndum), mientras Francia prevé cerrar hasta 17 reactores nucleares antes del 2025, para cumplir con el objetivo de bajar hasta el 50% su dependencia de esta modelo de producción.

El desarrollo de la industria nuclear se ha desplazado totalmente hacia Asia. De las 53 plantas actualmente en construcción, más de dos tercios (67%) se sitúan en este continente y un tercio corresponden a China (20). Las otras están localizadas en India (6), Emiratos Árabes (4) Corea del Sur (3), Pakistán (2) y Japón (1). Los otros reactores en marcha están en Francia (1), Finlandia (1) y Eslovaquia (2), mientras que en la Europa oriental se levantan en Rusia (6), Ucrania (2), Bielorrusia (2). El resto corresponden a Estados Unidos (2) y Argentina (1).

El resultado es que a mitad del 2017 funcionaban en todo el mundo 403 reactores (incluyendo a los que están en situación de parada a largo plazo): es decir, una unidad menos que a mediados del 2016. Esta cifra supone 35 reactores menos de los que había en el 2002, cuando había en funcionamiento un total de 438.

Fukushima, los retrasos y el envejecimiento, factores desfavorables para su despegue

A la par, su papel en el reparto de la generación eléctrica mundial sigue estable en los últimos cinco años y se sitúa en el 10,5% en el 2016, después del pico del 17,5% al que llegó en 1996.

En ausencia de vastos programas de construcción de nuevas plantas, excepto en China, el parque de las centrales en operación ha continuado envejeciendo hasta alcanzar los 29,3 años a mediados del 2017. Algo más de la mitad de las centrales (234 unidades) llevan operando 31 años o más, incluidas las 64 que tienen 41 años o incluso más.

Los retrasos han difuminado el dibujo de un renacimiento. La central de Olkiluoto, en Finlandia (1.600 MW), de tecnología francesa, entrará en funcionamiento en mayo del año próximo; pero su construcción comenzó en la primavera del 2005 y el primer anuncio preveía que empezara a producir electricidad en el año 2009. Por su parte, la central de Flamaville-3, situada en Francia, lleva también diez años en construcción

Los reveses también se han dado en Estados Unidos. La compañía Toshiba-Westinghouse, históricamente el mayor constructor de mundo, hizo suspensión de pagos en Estados Unidos.

El resultado fue que los propietarios de la central nuclear en construcción de V.C. Summer, en Carolina del Sur, pararon la construcción de dos centrales nucleares diseñados por Westinghouse después de haber gastado más de 9.000 millones de dólares. Los otros dos reactores nucleares en construcción (en Vogtle, en Georgia) recibieron la autorización de la Administración para continuar la construcción.

Un grupo de países entre los que destacan Brasil, China, Alemania, India, Japón, México, Holanda, Gran Bretaña o Reino Unido –y entre los que se encuentran tres de las más importantes economías mundiales– producen más electricidad con la energía renovable no hidroeléctrica que con la nuclear. En China (y es algo que se está viendo desde el año 2012), la producción eólica solar (241 TWh) rebasó a la nuclear (198 TWh). Y lo mismo pasó en India, donde la energía eólica desplazó a la nuclear. Mientras tanto, la producción en la UE da argumentos a quienes hablan del rápido declive en el papel del átomo: entre 1997 y el 2014, la eólica aumentó en 293 TWh y la solar en 111 TWh, mientras que la generación eléctrica nuclear se quedó en 82 TWh.

Revés para Vandellòs II

En España, el número de reactores se ha reducido a siete (llegó a tener diez). El último revés ha sido la paralización del funcionamiento de la central de Vandellòs II a causa de una avería que ha comportado una fuga de agua en el circuito primario, registrada el 3 de marzo. La previsión es que la planta entre de nuevo en funcionamiento el día 16 de julio. “La reparación va a tener un alto coste, y sobre todo va a comportar que la empresa reduzca drásticamente sus ingresos pero manteniendo gastos similares. Mi estimación es que la energía que produzca se va a encarecer hasta situarse en 72 euros el MWh, muy por encima de la retribución que recibirá del mercado eléctrico. El resultado es que Vandellòs II tendrá pérdidas millonarias en el 2018”, prevé Jaume Morron, consultor experto en energía.

Prórroga sí, pero no a cualquier precio

La industria española debería invertir unos 6.000 millones para poder operar 50 años

El futuro de la energía nuclear en España depende de que las centrales logren renovar su licencia de explotación (que la Administración concede para períodos máximos de diez años), de manera que puedan superar los 40 años de funcionamiento. Las centrales que tienen más cerca el fin de sus licencias son Almaraz I y Almaraz II (en Cáceres), que expiran en junio del año 2020.

Las empresas propietarias quieren alargar la vida de los reactores. Pero no a cualquier precio. Se quejan del funcionamiento del actual sistema eléctrico y pugnan por obtener del Gobierno contrapartidas a cambio de seguir operando, sabedoras de que el Ejecutivo se muestra incluso más pronuclear, si cabe, que la propia industria.

Las eléctricas (Endesa, Iberdrola, Gas Natural…) juzgan excesiva la sobrecarga impositiva, argumentan que sufren pérdidas económicas y reclaman un mejor trato del Gobierno. Como aval arguyen que son la primera tecnología eléctrica (aportan el 21,2% de la producción). Por eso, quieren que se valore la estabilidad y fiabilidad que aportan al sistema (como se hace con las centrales térmicas, por estar disponibles y actuar de respaldo al sistema). Y que se aprecie su papel en la mitigación del cambio climático al no emitir CO2.

“Más del 40% del costes de la factura de la luz son impuestos ajenos al sistema eléctrico”, se queja Ignacio Araluce, presidente del Foro Nuclear –que actúa también como patronal. Otros sectores opinan, en cambio, que los impuestos por los residuos nucleares o la financiación del futuro almacenamiento de estos desechos no pueden ser vistos como elementos ajenos al ciclo de vida del átomo.

El Gobierno va a dar todas las facilidades para que las nucleares puedan seguir operando. Las normas ya permiten que las eléctricas puedan retrasar la solicitud de renovación de la licencia hasta un año antes de que ésta expire (hasta ahora debían pedirla tres años antes). El Grupo Popular ha tramitado en el Congreso una proposición de ley con el ánimo de obligar a los dueños de nucleares a renovar la licencia.

Además, el grupo de expertos que ha asesorado al ministro de Energía, Álvaro Nadal (ante el debate sobre la futura ley de Cambio Climático y Transición Energética), ha concluido que las nucleares deben funcionar, como mínimo, hasta el 2030. Si no fuera así, “no habría quien controlara la red eléctrica, no cumpliríamos los objetivos sobre reducción de CO2 y los precios de la luz se dispararían un 25%”, añade Araluce. El Foro Nuclear estima que las empresas deberían hacer inversiones valoradas en unos 6.000 millones de euros para adaptarse y incorporar las mejoras para poder seguir operando 50 años o algo más allá.

Y Ignacio Araluce no ve completamente despejado el horizonte: “Nosotros pensamos que la energía nuclear tiene un fin; o sea, que no vamos a vivir toda la vida y que dentro de unos cuantos años en España no va a haber energía nuclear”, se sincera.

Pero a corto y medio plazo, aparece como una necesidad. Por eso, Araluce ve como mero “brindis al sol” la previsión de la ley catalana de Canvi Climàtic de prescindir de las tres nucleares catalanas en el 2027 pese a que aportan un 55% de la electricidad en esta comunidad. “Es imposible”, sentencia, vista la necesidad de energía alternativa adicional que debería incorporarse. El papel lo aguanta todo. Pero las nucleares necesitan más de un empujón.

Fuente: La Vanguardia